Una montaña que parece esconder un secreto
A un costado de los caminos que atraviesan el municipio de San Juan del Río, Durango, el paisaje guarda una formación rocosa difícil de ignorar.
Su silueta, elevada sobre el terreno y de formas sorprendentemente geométricas, ha despertado durante generaciones la imaginación de quienes viven en la región y de los viajeros que pasan cerca de Menores.
La naturaleza la formó con piedra y erosión.
La tradición hizo el resto.
Los habitantes de la región terminaron por conocerla como el Castillo de Menores o, de manera todavía más sugerente, como el Castillo Encantado.
Y alrededor de esa enorme masa de roca nació una de las leyendas más peculiares de Durango.
La leyenda del Castillo de Menores
Cuenta una de las versiones de la tradición oral que aquello que hoy parece una montaña no siempre fue piedra.
Hace muchísimo tiempo, en un pasado que la leyenda no intenta fechar, en ese lugar se levantaba un extraordinario castillo habitado por una corte y gobernado por un poderoso rey.
En él vivía también su hija, una princesa —o joven reina, según otras versiones— de extraordinaria belleza.
Llegado el momento de asegurar el futuro del reino, su padre decidió concertar su matrimonio.
Pero la joven se negó.
No estaba dispuesta a compartir su vida con un hombre al que no amaba, aunque aquella decisión significara desafiar directamente la voluntad de su padre.
La desobediencia provocó la ira del monarca.
Y entonces ocurrió lo imposible.
Según la leyenda, mediante fuerzas sobrenaturales el castillo entero quedó condenado: sus torres, salones, jardines, habitantes y riquezas desaparecieron bajo una gigantesca masa de piedra.
Donde antes se levantaba una fortaleza quedó solamente una montaña.
Pero el castillo no habría sido destruido.
Simplemente quedó encantado.
Los clarines que todavía se escuchan
Con el paso de los años comenzaron a circular historias extrañas entre los habitantes de Menores y las comunidades cercanas.
Algunas personas aseguraban escuchar, a determinadas horas del día o de la noche, sonidos que parecían provenir de la montaña.
No eran golpes ni el silbido común del viento.
Quienes alimentaron la leyenda hablaban de clarines y trompetas, semejantes a los que antiguamente anunciaban la llegada de un monarca o una ceremonia real.
Era como si, detrás de toneladas de roca, el viejo reino continuara existiendo.
Esperando.
La puerta que aparece cada Jueves Santo
Pero el episodio más inquietante de la leyenda sucede solamente una vez al año.
La tradición asegura que cada Jueves Santo, alrededor del mediodía, aparece una puerta en la montaña.
No todos pueden verla.
Y mucho menos atravesarla.
Pero aquel que se encuentre en el sitio en el momento indicado podría contemplar por unos instantes la entrada al verdadero Castillo de Menores.
Detrás de la roca aparecería entonces un mundo completamente diferente.
El encantamiento se rompería momentáneamente y el antiguo castillo volvería a mostrarse con todo su esplendor.
Una de las versiones de la leyenda cuenta que un hombre llamado Anselmo Gracia Rentería habría sido uno de los afortunados —o quizá desafortunados— que consiguieron atravesar aquella puerta.
Don Anselmo entra al castillo
Según el relato transmitido en la región, Anselmo encontró ante sus ojos algo imposible de explicar.
Del otro lado no había una cueva.
Había un castillo.
Un enorme puente permitía acceder a una fortaleza de aspecto medieval, con torres, almenas y grandes salones.
En algunas versiones de la historia incluso aparecen criaturas fantásticas custodiando el lugar.
Anselmo continuó caminando.
Los interiores parecían construidos con materiales extraordinarios. Mármol, metales preciosos y piedras de diferentes colores adornaban habitaciones y corredores.
Había jardines exuberantes y enormes salones que parecían detenidos en otro tiempo.
Todo permanecía intacto.
Como si los siglos transcurridos fuera de la montaña jamás hubieran existido allí dentro.
Finalmente, Anselmo fue conducido ante la soberana del castillo.
Y entonces comprendió que no había sido invitado únicamente para contemplar aquel reino perdido.

Según la leyenda, una misteriosa puerta permitía entrar al magnífico castillo oculto detrás de la montaña.
El precio para romper el encantamiento
La mujer le reveló que el castillo, su corte y todos sus habitantes permanecían atrapados bajo un antiguo hechizo.
Existía una manera de liberarlos.
Pero el precio era terrible.
Una de las versiones más oscuras de la leyenda señala que para romper el encantamiento debía sacrificarse a un recién nacido y derramar su sangre sobre una piedra negra situada en lo alto de la montaña antes de que terminara el Jueves Santo.
Pero había algo todavía peor.
Si Anselmo cumplía la encomienda, el antiguo reino regresaría.
El castillo emergería nuevamente de la montaña y sus habitantes recuperarían la libertad.
Pero los pueblos que ahora existían alrededor desaparecerían.
El pasado ocuparía nuevamente el lugar del presente.
Anselmo tendría que decidir entre liberar a quienes llevaban siglos encantados o permitir que las familias que habitaban entonces la región continuaran viviendo.
La decisión estaba tomada.
No cometería aquel crimen.
El hechizo permanecería intacto.

En el interior del castillo, Anselmo conoce a la soberana que le revela el terrible precio necesario para romper el encantamiento.
El castillo volvió a convertirse en piedra
Anselmo abandonó el lugar sin cumplir la encomienda.
La puerta desapareció.
Los salones, los jardines y las torres volvieron a quedar ocultos detrás de la enorme formación rocosa.
Y el Castillo de Menores volvió a parecer simplemente una montaña.
Según el relato, cuando años después Anselmo contaba lo sucedido, todavía se emocionaba al recordar lo que había visto y la decisión que había tenido que tomar.
Quizá nunca existieron las torres.
Quizá jamás hubo una reina.
Tal vez los clarines sean solamente el viento recorriendo las paredes de roca.
Pero la montaña sigue ahí.
Y mientras continúe dominando el paisaje de Menores, también seguirá existiendo la posibilidad que mantiene viva toda buena leyenda:
¿y si detrás de la piedra realmente hubiera algo más?
El verdadero Castillo de Menores
Más allá de la leyenda, el Castillo de Menores es una formación rocosa real localizada en el municipio de San Juan del Río, Durango.
Su peculiar silueta ha hecho que desde hace generaciones sea comparada con una fortaleza. La propia promoción turística de la región reconoce el lugar como el Castillo de Menores o Castillo Encantado y destaca las leyendas que existen a su alrededor.
La zona de Menores posee además una interesante historia propia. Las antiguas haciendas de Menores formaron parte de la vida económica y social de San Juan del Río, y Menores de Abajo corresponde actualmente a la comunidad de Francisco Primo de Verdad.
Así, realidad y tradición terminan encontrándose en el mismo paisaje.
La geología explica la roca.
La historia explica a las comunidades que crecieron a su alrededor.
Y la leyenda intenta explicar aquello que la imaginación cree ver cuando contempla sus formas.
Una leyenda que continúa viva
Las leyendas cambian cada vez que alguien vuelve a contarlas.
Por eso existen variaciones sobre quién habitaba el castillo, quién lanzó el encantamiento o exactamente qué debía hacerse para romperlo.
Pero todas comparten una misma idea:
la montaña que vemos hoy escondería un reino detenido en el tiempo.
Tal vez por eso el Castillo de Menores continúa fascinando.
Porque no se trata solamente de imaginar qué ocurrió allí hace siglos.
Se trata de mirar una montaña de Durango y preguntarse qué ocurriría si, algún Jueves Santo al mediodía, apareciera frente a nosotros una puerta que nunca habíamos visto.
La pregunta entonces sería otra:
¿te atreverías a entrar?
Esta narración forma parte de las leyendas y relatos tradicionales de Durango. Como ocurre con muchas historias transmitidas oralmente, existen distintas versiones y sus elementos sobrenaturales pertenecen al terreno de la tradición popular.

4 comentarios
De las leyendas de Durango hasta ahorita esta es la que me ha parecido más fantasiosa, un castillo medieval en Durango! mm pero son historias que pintan de colores nuestra cultura, bienvenidas todas
Lo mismo pienso yo, castillos, dragones, princesas y demás detalles propios del folklore europeo y las novelas de caballería? Difícilmente algún noble pisó alguna vez Durango y cuanti menos en la época de la colonia cuando este estado era el llamado Reino de la Nueva Vizcaya. Aún así estás leyendas me transportan a otros tiempos, muy buenas.
Todo una mentira tengo pruebas
No tienes pruebas, solamente te arde que los duranguenses tengamos un castillo de verdad y basoferias.