En medio del enorme desierto del norte de México existe un lugar donde, según las historias que se cuentan desde hace décadas, las radios dejan de funcionar, las brújulas se comportan de manera extraña, misteriosas luces recorren el cielo y desconocidos aparecen de la nada para ayudar a viajeros perdidos.
Algunos habitantes incluso hablan de tres personas altas y rubias que ocasionalmente se acercan a los ranchos para pedir agua.
Cuando les preguntan de dónde vienen, la leyenda dice que responden solamente:
“De arriba”.
Bienvenidos a uno de los lugares más misteriosos de México:
La Zona del Silencio.
Está ubicada en el Bolsón de Mapimí, dentro del Desierto Chihuahuense, en una extensa región entre Durango, Chihuahua y Coahuila.
Y aunque muchas de las historias que vamos a contar no cuentan con evidencia científica que las compruebe, eso es precisamente parte de su encanto.
Porque alrededor de la Zona del Silencio se mezclan hechos históricos perfectamente reales con testimonios, coincidencias extraordinarias, fenómenos naturales y leyendas que han pasado de generación en generación.
Y después de más de medio siglo, el misterio continúa.
Primero: ¿dónde está exactamente la Zona del Silencio?
No existe una línea pintada en el desierto que diga:
“A partir de aquí comienza la Zona del Silencio”.
El nombre se utiliza para referirse a una región localizada en el Bolsón de Mapimí, aproximadamente entre los paralelos 26 y 28 norte.
Una parte importante pertenece a la Reserva de la Biosfera Mapimí, área natural protegida que abarca territorio de Durango, Chihuahua y Coahuila.
Antes de buscar extraterrestres conviene mirar hacia abajo.
El paisaje por sí mismo ya es extraordinario.
Es una región de clima extremo, enormes planicies, matorral xerófilo, pastizales, salinas y una biodiversidad adaptada a condiciones particularmente difíciles. También pueden encontrarse vestigios fósiles relacionados con el pasado geológico de la región.
Entre sus habitantes más importantes está la tortuga del Bolsón (Gopherus flavomarginatus), especie endémica y en peligro de extinción cuya principal zona de distribución se encuentra precisamente aquí.
Para sobrevivir a las temperaturas extremas, estas tortugas construyen madrigueras que pueden alcanzar alrededor de dos metros de profundidad y extenderse muchos metros bajo tierra.
Es decir: aun eliminando todos los OVNIs y anomalías de la historia, ya estamos hablando de un lugar excepcional.
El Vértice de Trino
Dentro de esta región existe un punto geográfico particularmente curioso:
El Vértice de Trino.
Es el lugar donde convergen los límites de Durango, Chihuahua y Coahuila.
Esto significa que una persona puede colocarse físicamente en el punto de convergencia de los tres estados.
Pero alrededor del Vértice de Trino también han surgido historias.
Algunos visitantes aseguran experimentar allí sensaciones particulares, desde tranquilidad y bienestar hasta una supuesta recuperación de energía.
Otros le atribuyen propiedades magnéticas o energéticas.
No existe evidencia científica que confirme esos efectos, pero el punto se convirtió en uno de los sitios simbólicos asociados al misterio de la región.
¿Por qué se llama Zona del Silencio?
Una de las versiones más repetidas lleva hasta 1966.
En aquel año, el ingeniero Harry de la Peña, quien realizaba trabajos relacionados con exploraciones en la región, habría observado que en determinados lugares las comunicaciones por radio presentaban interferencias.
Según la historia, De la Peña comenzó a referirse al lugar como:
“La Zona del Silencio”.
El nombre era perfecto.
Misterioso, fácil de recordar y suficientemente inquietante como para despertar la imaginación.
Pero existe una historia todavía más antigua.
Francisco Sarabia y el primer “silencio” en el cielo
Décadas antes de que el lugar fuera famoso, aparece en la leyenda uno de los grandes personajes de la aviación mexicana:
Francisco Sarabia Tinoco.
El famoso piloto duranguense habría sobrevolado la región durante la década de 1930 cuando, según relatos posteriores, su radio comenzó a fallar.
Algunas versiones aseguran incluso que otros instrumentos presentaron problemas y que Sarabia tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia.
La historia se convirtió posteriormente en uno de los primeros supuestos antecedentes de las anomalías de la Zona del Silencio.
Pero aquí encontramos algo interesante.
Aunque numerosos artículos y relatos repiten el episodio, investigadores críticos del fenómeno señalan que no han encontrado registros contemporáneos de Sarabia que documenten el incidente.
Por tanto, resulta más apropiado considerarlo parte de la tradición oral y de la mitología desarrollada posteriormente alrededor del lugar.
Pero entonces llegó 1970.
Y ocurrió algo que sí fue muy real.
Un cohete estadounidense cae en el desierto
El 11 de julio de 1970, Estados Unidos realizaba una prueba con un cohete Athena RTV.
Había sido lanzado desde Green River, Utah, y debía dirigirse hacia el campo de pruebas de White Sands, Nuevo México.
Pero algo salió mal.
El cohete perdió su trayectoria prevista y continuó cientos de kilómetros hacia el sur.
Terminó cayendo en México.
¿Dónde?
Precisamente en la región asociada con la Zona del Silencio.
La coincidencia parecía sacada de una película de ciencia ficción.
Pero había algo más.
El vehículo transportaba dos pequeños contenedores de cobalto-57, un isótopo radiactivo utilizado como trazador.
Estados Unidos necesitaba recuperar el aparato.
Especialistas estadounidenses entraron en la región con autorización mexicana y comenzó una operación de búsqueda por aire y tierra.
Durante semanas se buscó el cohete.
Finalmente fue localizado y se recuperaron sus restos junto con material del terreno relacionado con el accidente.
Imaginemos ahora cómo debió verse aquello para los habitantes de la región en 1970.
Un misterioso objeto estadounidense cae del cielo.
Llegan helicópteros, vehículos, técnicos y especialistas extranjeros.
Se realizan búsquedas.
Se recuperan restos del objeto y material del suelo.
Y después todos se marchan.
Era prácticamente inevitable que aparecieran teorías.
¿Qué transportaba realmente aquel cohete?
¿Por qué cayó precisamente allí?
¿Por qué una operación tan grande para recuperarlo?
La explicación oficial existe.
Pero la leyenda ya tenía todo lo necesario para crecer.
Y un año antes había caído algo todavía más antiguo
Aquí aparece otra coincidencia extraordinaria.
El 8 de febrero de 1969, poco más de un año antes del accidente del Athena, el cielo del norte de México fue iluminado por un enorme bólido.
Era el famoso meteorito Allende, cuyos fragmentos cayeron principalmente alrededor de Pueblito de Allende, Chihuahua.
Allende terminaría convirtiéndose en uno de los meteoritos más estudiados del mundo debido a la enorme antigüedad de algunos de sus materiales.
Así que la cronología parecía irresistible para los amantes del misterio:
1969 — cae un enorme meteorito.
1970 — un cohete estadounidense termina fuera de su trayectoria y cae en el desierto.
Y además la región ya era conocida por contener grandes meteoritos encontrados anteriormente.
No tardó en surgir una pregunta:
¿Por qué parecen caer tantas cosas del cielo aquí?
La respuesta científica no necesita ningún gigantesco imán oculto bajo el desierto.
Pero la pregunta ayudó a construir una de las leyendas más famosas:
la Zona del Silencio atrae objetos provenientes del cielo.
Los misteriosos visitantes rubios
Y entonces llegamos a una de las historias más fascinantes de la Zona del Silencio.
Desde hace décadas circulan relatos de habitantes y viajeros que aseguran haberse encontrado con personas de apariencia poco habitual en medio del desierto.
Las descripciones varían, pero existe una versión que se ha repetido muchas veces.
Serían dos hombres y una mujer.
Altos.
De piel clara.
Cabello rubio.
Algunos relatos agregan ojos claros.
Lo extraño no sería solamente su apariencia.
Sería el lugar donde aparecen.
Estamos hablando de un enorme desierto donde durante kilómetros puede no encontrarse prácticamente nadie.
Según la leyenda, estos personajes pueden acercarse tranquilamente a un rancho.
No piden dinero.
No buscan comida.
Piden agua.
Y cuando algún habitante les pregunta:
—¿De dónde vienen?
La respuesta que ha convertido esta historia en leyenda sería:
—De arriba.
Después continúan su camino.
En algunas versiones desaparecen sin que nadie pueda explicar hacia dónde fueron.
Los aficionados al fenómeno OVNI los han relacionado con los llamados “nórdicos”, supuestos seres extraterrestres de apariencia humana descritos dentro de cierta literatura ufológica.
¿Turistas?
¿Viajeros?
¿Una historia que fue creciendo con los años?
¿O realmente algunas personas se encontraron con alguien difícil de explicar?
No lo sabemos.
Pero no es la única historia de misteriosos desconocidos ayudando a personas en el desierto.
Ernesto y Josefina Díaz: el extraño rescate de 1975
Una de las historias más famosas habría ocurrido el 13 de octubre de 1975.
Ernesto y Josefina Díaz viajaron en una camioneta hacia la Zona del Silencio buscando muestras de rocas y fósiles.
El clima cambió.
Una tormenta convirtió el terreno en un lodazal y su vehículo quedó atascado.
La pareja intentaba liberarlo cuando aparecieron dos hombres muy altos.
Algunas versiones los describen usando impermeables amarillos.
Los desconocidos les dijeron que entraran en la camioneta mientras ellos empujaban.
Y consiguieron sacarla del lodo.
Hasta ahí podríamos estar hablando simplemente de dos buenos samaritanos.
Lo extraño ocurrió inmediatamente después.
Cuando Ernesto y Josefina quisieron agradecerles…
los hombres habían desaparecido.
En medio de una planicie prácticamente abierta.
Sin vehículos.
Sin construcciones cercanas.
Sin un lugar evidente hacia dónde pudieran haberse marchado tan rápidamente.
El episodio se convirtió en otro clásico de la mitología de la Zona del Silencio.
Las luces que recorren el desierto
Probablemente ningún fenómeno sea mencionado tantas veces por quienes cuentan historias de la región como las luces.
Puntos luminosos que aparecen sobre el horizonte.
Bolas de luz.
Destellos.
Objetos que aparentemente cambian de dirección.
Luces que parecen acercarse y después desaparecen.
Existe incluso una tradición oral sobre luces parecidas a los faros de un automóvil que aparecen en lugares donde aparentemente no existe ningún camino.
Algunos relatos aseguran algo todavía más inquietante:
cuando alguien les hace señales con una lámpara…
las luces parecen responder.
Una señal.
Una respuesta.
Otra señal.
Otra respuesta.
Por supuesto, un desierto oscuro es un escenario perfecto para todo tipo de ilusiones ópticas y fenómenos astronómicos.
Satélites.
Meteoros.
Aeronaves.
Estrellas cerca del horizonte.
Fenómenos atmosféricos.
Vehículos observados desde grandes distancias.
Pero para quien está solo en medio del desierto a medianoche y observa una luz que aparentemente responde a sus movimientos…
la explicación racional probablemente puede esperar hasta la mañana siguiente.
OVNIs sobre Mapimí
Con todos esos ingredientes era inevitable que la Zona del Silencio terminara convirtiéndose en un lugar de peregrinación para aficionados al fenómeno OVNI.
Durante décadas se han recopilado relatos de supuestos objetos voladores desconocidos.
Algunos hablan de luces.
Otros describen objetos metálicos.
Otros simplemente aseguran haber visto algo desplazándose de una manera que no pudieron identificar.
Hasta ahora no existe evidencia verificable que permita afirmar que esos objetos sean de origen extraterrestre.
Pero eso no ha impedido que la Zona del Silencio aparezca continuamente en libros, revistas, programas de televisión y documentales dedicados al fenómeno OVNI.
El misterio de las brújulas
Otro clásico.
En ciertos lugares de la Zona del Silencio, según numerosos relatos, las brújulas dejan de señalar correctamente el norte.
Algunas versiones son todavía más espectaculares:
la aguja comienza a moverse erráticamente.
De ahí surgió la hipótesis popular de enormes depósitos minerales capaces de generar alteraciones magnéticas.
Y posteriormente apareció una teoría todavía más atractiva:
Existiría una especie de vórtice magnético.
Ese campo explicaría simultáneamente:
las interferencias de radio,
las brújulas,
las luces,
los meteoritos
y hasta la desviación del Athena.
Es una explicación magnífica para una película.
El problema es que nunca se ha demostrado científicamente la existencia de semejante vórtice.
Pero la teoría sigue siendo una parte inseparable de la leyenda.
¿Existe realmente una zona donde no funciona la radio?
Ésta es probablemente la pregunta más importante.
La respuesta más precisa es:
no se ha demostrado que exista una región fija en la que las ondas de radio sean misteriosamente anuladas.
Eso no significa que nadie haya experimentado problemas de comunicación.
Estamos hablando de una región enorme, remota y con características geográficas que pueden afectar determinados tipos de comunicación.
Lo interesante es que algunas versiones del mito encontraron una manera perfecta de sobrevivir a las comprobaciones.
Cuando alguien llegaba con una radio y ésta funcionaba normalmente, surgió la explicación de que…
“la zona se mueve”.
Es decir, el punto de interferencia no estaría siempre en el mismo lugar.
Y así el misterio podía continuar.
Plantas moradas y animales extraños
También forman parte de la tradición de la Zona del Silencio las historias sobre supuestas mutaciones.
Se habla particularmente de nopales de tonalidades violetas o moradas.
Otros relatos mencionan animales con características inusuales.
Las explicaciones más espectaculares los relacionan con:
radiación,
campos magnéticos,
meteoritos
o incluso actividad extraterrestre.
La explicación biológica es considerablemente menos cinematográfica: las especies del desierto desarrollan extraordinarias adaptaciones para sobrevivir a temperaturas extremas, sequías prolongadas y fuerte radiación solar.
Algo similar ocurre con la fauna.
La Reserva de la Biosfera Mapimí posee especies realmente extraordinarias, pero extraordinario no significa paranormal.
La gigantesca tortuga del Bolsón
Aquí vive uno de los animales más interesantes de México:
la tortuga del Bolsón (Gopherus flavomarginatus).
Es una especie endémica de esta región y se encuentra en peligro de extinción.
Puede construir enormes madrigueras para protegerse de las temperaturas extremas del desierto.
La Reserva de la Biosfera Mapimí protege precisamente parte del hábitat de esta extraordinaria especie.
Así que mientras muchos visitantes miran hacia el cielo buscando OVNIs…
quizá una de las verdaderas rarezas de la Zona del Silencio esté caminando lentamente bajo sus pies.
¿Está conectada con el Triángulo de las Bermudas?
Ésta es otra de las historias favoritas.
Durante años se ha afirmado que la Zona del Silencio se encuentra sobre aproximadamente el mismo paralelo que otros lugares considerados misteriosos.
Entre ellos se mencionan frecuentemente:
el Triángulo de las Bermudas,
las Pirámides de Egipto
y algunas regiones consideradas sagradas del planeta.
De ahí nació la idea de un supuesto “cinturón energético” alrededor de la Tierra.
La comparación es mucho más simbólica que geográficamente precisa y no existe evidencia científica de semejante conexión.
Pero ayudó enormemente a internacionalizar el mito.
La Zona del Silencio empezó a ser descrita incluso como:
“El Triángulo de las Bermudas de México”.
¿Qué es verdad y qué es leyenda?
Quizá ésta sea la parte más fascinante.
Porque no todo es inventado.
El desierto existe.
El accidente del Athena ocurrió.
Transportaba cobalto-57.
La operación estadounidense para recuperarlo ocurrió.
El meteorito Allende cayó en 1969.
La región posee meteoritos extraordinarios.
La Reserva de la Biosfera Mapimí existe.
La biodiversidad del lugar es excepcional.
Harry de la Peña está asociado históricamente con el nombre “Zona del Silencio”.
Después aparecen los testimonios.
Radios que fallan.
Brújulas que se alteran.
Luces que recorren el desierto.
OVNIs.
Personas que desaparecen.
Visitantes rubios que piden agua.
Viajeros auxiliados misteriosamente.
Sensaciones extrañas en el Vértice de Trino.
Y finalmente aparecen las interpretaciones:
campos magnéticos,
vórtices,
energías,
portales,
bases extraterrestres…
Ahí cada visitante decide hasta dónde quiere creer.
Tal vez ése sea el verdadero secreto de la Zona del Silencio
Un buen misterio no necesita demostrarlo todo.
Necesita dejar una pregunta abierta.
La Zona del Silencio posee algo difícil de reproducir en cualquier destino turístico.
Tiene una historia.
Y cuando cae la noche en medio del desierto, desaparecen las luces de las ciudades y sobre nuestras cabezas aparecen miles de estrellas que normalmente no podemos observar, todas aquellas historias comienzan a sentirse un poco diferentes.
Probablemente la radio funcione.
Probablemente la brújula marque perfectamente el norte.
Probablemente no aparezca ningún OVNI.
Pero entonces…
quizá a lo lejos aparezca una luz.
Y durante unos segundos tendremos que decidir si realmente queremos saber qué es.
¿Se puede visitar actualmente la Zona del Silencio?
Sí.
Y ésta probablemente sea la mejor manera de terminar esta historia: invitando a conocer el lugar y sacar nuestras propias conclusiones.
Actualmente existen opciones de turismo en la región.
Uno de los puntos de acceso es el ejido La Flor, cuyos habitantes han desarrollado actividades para mostrar al visitante la naturaleza, los fósiles, el cielo nocturno y las historias de la Zona del Silencio.
También opera el Complejo Ecoturístico Zona del Silencio, ubicado sobre el kilómetro 154 de la autopista que comunica Jiménez con Gómez Palacio, entre Ceballos y Escalón.
El complejo anuncia servicios de alojamiento, alimentación, recorridos guiados, charlas, paseos y fogatas, además de actividades relacionadas con las historias de la Zona del Silencio.
La información turística de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas señala como una de las rutas terrestres de acceso la carretera Gómez Palacio–Jiménez, llegando a Ceballos y posteriormente al ejido La Flor.
Debido a que horarios, cuotas y condiciones de acceso pueden cambiar, es recomendable verificarlos directamente antes de realizar el viaje.
Consulta la información oficial de la Reserva de la Biosfera Mapimí en CONANP.
También puedes consultar al Complejo Ecoturístico Zona del Silencio y la información sobre experiencias y recorridos desde La Flor.
Por tratarse de una región remota y de un área natural protegida, no es recomendable internarse por cuenta propia en el desierto sin conocer la zona.
Las distancias son enormes, existen caminos de terracería, la cobertura telefónica puede ser limitada y las temperaturas pueden ser extremas.
Lo más sensato es contactar previamente a un prestador turístico de la región, confirmar las condiciones de acceso y realizar los recorridos acompañado por personas que conozcan el lugar.
Además, buena parte del territorio forma parte de la Reserva de la Biosfera Mapimí, por lo que el visitante debe respetar las disposiciones de conservación y evitar extraer plantas, fósiles, meteoritos o fauna.
Y si tienes oportunidad de quedarte hasta que oscurezca, quizá valga la pena hacerlo.
No necesariamente porque vaya a aparecer una nave extraterrestre.
Sino porque observar el cielo nocturno desde uno de los desiertos más solitarios del norte de México ya es, por sí mismo, una experiencia extraordinaria.
Aunque claro…
si mientras observas las estrellas aparecen tres desconocidos rubios preguntando si tienes un poco de agua, recuerda preguntarles de dónde vienen.

